martes, 21 de diciembre de 2010

20/12/2010 - Los niños de Chernobyl

Menuda montaña rusa de relación, un día bien, otro mal, otro bien, .... no voy a hablar de días pasados, aunque hace un par de meses empecé a escribir en una libreta lo que sentía cuando teníamos problemas.
Ayer el día empezó bien, la gripe nos ha obligado a estar en casa unos días y además del virus hemos compartido algún programa de la tele que nos ha hecho reír, pero muy poca conversación, poquísima. Parece que no tenemos nada en común, y desde luego no estoy para romperme la cabeza con temas para hablar con él; si lo único que le importa es el fútbol; y hemos llegado a un punto que en todo lo demás no estamos de acuerdo en nada.
Venía en una revista un artículo sobre acogimiento de niños de Chernobyl en verano; no le parece bien. Cuando llegó el niño del cole vio la revista y a sus 6 añitos me preguntó por los niños de la foto; le expliqué como buenamente pude y le encantó la idea. Cuando le dije a mi marido: "somos 2 contra 1" de repente me contesta: "Quítate eso de la cabeza si no quieres que te meta una ostia", haciendo ademán con el puño cerrado. Me quedé petrificada, así comienzan los anuncios de la tele sobre maltrato; nunca me había dicho nada parecido y aquello me sonó horrible. Me afectó mucho y no pude evitar que las lágrimas empezaran a correr por mis mejillas; entonces su paciencia, ya de sí inexistente, se borró totalmente. No le importó que el niño estuviese oyéndole, empezó a llamarme "maltratadora psicológica"; ironías de la vida...para que se callase me impuse no llorar más; tragarme las lágrimas y las hormonas del embarazo, con el fin de que mi hijo no tuviese que escucharle más. Menudo corazón de piedra!!

¿Camas separadas?

Porque cuando mi marido y yo nos enfadamos opta por ir a dormir a otra cama. La primera vez me pareció fatal; en mi casa no había visto nunca a mis padres hacer tal cosa; aunque la verdad no recuerdo discusiones; algún enfado muy de vez en cuando que acababa en menos de 24 horas; pero ni discusiones, ni gritos. Como me gustaría que mi matrimonio se pareciese algo a eso. 
Necesito escribir para desahogarme, no tengo con quien hacerlo, por eso estoy dispuesta a hacerlo con todo el mundo. Mis padres se imaginan sólo una parte, y no me gustaría preocuparles. Las pocas amistades que me quedan no son de verdad, porque si lo fueran seguramente no me daría vergüenza contarles mis problemas; tampoco quiero que me tengan compasión, o que quieran decidir por mi. Alguna vez que lo he intentado me he arrepentido porque ni siquiera yo sé lo que quiero, tengo miedo a tantas cosas: a arrepentirme, a tomar una decisión equivocada, a la soledad e incluso, desde ayer, temo la reacción de mi marido.